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Vie, 27 de Ago de 2010 | Por Miguel Garro

Hace más de un año que el ritual se extinguió

  • Jorge Reyes(chelmusic.com).


El colibrí voló y el sonido de una flauta de barro suena cada vez más lejano. Jorge Reyes, el complejo músico mexicano, partió hace más de un año, víctima de un paro cardiaco a los 56 años. Se quedó dormido en su estudio y ya no despertó.

Autodefinido como etnomúsico, Jorge Reyes fue uno de los artistas más importantes dentro de la escena musical contemporánea mexicana. Abarcaba rangos de experimentación tan amplios como el jazz, el progresivo y la electrónica, pero, sobre todo, la incorporación de instrumentos prehispánicos al rock y la creación de un género musical, el tloque nahuaque, definido como música corporal con canto armónico.

Oriundo de Uruapan, Michoacán, Reyes estudió flauta transversa en la UNAM y posteriormente viajó por varios países, entre ellos Alemania, donde aprendió música clásica y electrónica, y la India, donde estudió las músicas tradicionales hindú y tibetana. A su regreso a México comenzó por establecer un sonido musical propio, creando sus primeras fusiones entre el rock e instrumentos prehispánicos, como el teponaztle, un tambor típicamente plano-fijo que se toca golpeando uno de los dos paneles de madera en el centro y suena hueco, así como caparazones de tortuga y caracol. En 1980, fundó con Armando Suárez Chac Mool, agrupación con la cual grabó cuatro discos pioneros en cuestiones instrumentales, al incorporar mandolinas, violonchelos, sintetizadores, timbales y más instrumentos prehispánicos.

Cinco años después Chac Mool se desintegró, dando paso a la ya entonces prolífica carrera del gran Reyes, la cual lo llevó por todo el mundo. Concebía sus conciertos como la mezcla de reinterpretaciones de ceremonias rituales prehispánicas y sonidos autóctonos, con la tecnología de los procesadores de sonido, delays y sonidos guturales. Ejemplo de esto era el tradicional concierto de día de muertos, que Reyes ofrecía en el Espacio Escultórico de la UNAM. Como solista grabó 26 álbumes, destacando A la izquierda del colibrí, Bajo el sol del jaguar y Comala, donde la curandera María Sabina aparece cantando varios de sus rituales de sanación.

Jorge Reyes dejó un legado importante. Hizo entre otras cosas, colaboraciones con Deep Forest y Steve Roach, compositor americano y promotor del uso del didjeridu en la música ambient, e incursiones en el cine, con bandas sonoras como la de la película de 1999 La otra conquista. Reyes fue aquel luchador y exponente de un estilo híbrido, confeccionado por el respeto a su raíz indígena, y una mente adelantada, visionaria.

En su adiós, sus amigos formaron un altar con varios de los instrumentos musicales del artista, velas encendidas y pétalos rodeando el féretro. Las flautas sonaron por última vez entre esencia de copal y eternidad.